En el vestíbulo de la Planta Baja de la nueva sede de la Auditoría General de la Nación, entrevistamos a María Puig, licenciada en Conservación y Restauración de Bienes Patrimoniales, que trabajó en la recuperación de los diseños pictóricos originales de los techos y muros de nuestro edificio.
Destacó la política de conservación preventiva que desarrolla nuestro organismo, la cual no es común en los edificios públicos de la ciudad, y planteó nuevos desafíos para los restauradores y conservadores: conservar más y restaurar menos; documentar, publicar y educar. El campo de acción se amplía e invita a trabajar con los muralistas contemporáneos para proteger nuestro patrimonio urbano.
 
AGN: ¿Cómo fue la experiencia en la AGN?
María: Creo que comenzamos en el 2011. Éramos un grupo de ocho personas bajo la dirección de Teresa Gowland y Silvina Bono. Entramos a trabajar exclusivamente en los cielos rasos de la Planta Baja, que comprendían además las molduras y los capiteles del Hall de Acceso, con el marouflage; el Lobby y el Hall del Ascensor. Esa fue la primera etapa, con un grupo de restauradores. Más tarde quedé a cargo de la recuperación de otras áreas.
Cada sector tenía su particularidad y su patología; por ejemplo, el sector del Lobby tenía el mismo tipo de pintura que hay en el Primer Piso, los mismos materiales: una pintura al aceite de la cual era fácil retirar el barniz y limpiar. Ahí no tuvimos grandes problemas, es un área jerarquizada que te conduce a otros pisos, por lo cual tiene una mejor factura.
Pero los laterales, menos decorados, eran de materiales de menor calidad y fue muy difícil remover el barniz, nos costó muchísimo. Fue una obra muy dura físicamente, de mucho desgaste.
 
AGN: Cuando llegaron, ¿se veía algo de los diseños que vemos ahora? ¿Cómo fue el proceso de trabajo?
María: Lo que se veía era el cielo raso de un color “caramelo”, no se veían los dibujos. Hicimos pruebas de limpieza para ver lo que había debajo. Teníamos mapas de deterioropara seguir los tratamientos y un informe que completábamos día a día en el que íbamos presentando el avance de obra. Estaba la Planta Baja dividida en tres: el Hall de Accesocon el marouflage, que es una de las obras más importantes del edificio, el Lobby –que a su vez está dividido en tres partes: Sector Central, Sector Derecho y Sector Izquierdo–, y el Hall del Ascensor. En todos los lugares se hicieron pruebas de limpieza. Lo característico de este edificio es que tiene muy buena mano de obra, muy buena factura,con lo que soportó muy bien la intervención y, también, una especie de microclima que se generó al mantenerse muchos años cerrado, algo que siempre juega a favor. No hay nada que destruya más un bien que las fluctuaciones, los cambios de microclima, entonces, aunque no tuviera el blíndex que ahora hay en la entrada, se acostumbró a su propio microclima, como ahora se está acostumbrando al calor humano. El edificio estaba mal conservado en lo que hacía a las pinturas, pero estructuralmente, en muy buen estado.
 
AGN: ¿Las pautas en los procesos de restauración de pinturas son siempre las mismas?
María: Lo primero que hacés es un trabajo interdisciplinario, hacer una investigación sobre qué es lo que vas a intervenir, conseguir fotos, documentación, que sería la investigación histórica. Tenés que trabajar con un químico que saque muestras para saber de qué está hecha la capa de protección, la pintura y el mortero, lo que hay debajo de la pintura. Recién ahí el restaurador empieza a hacer las pruebas de limpieza con lo que el químico le dice. El químico siempre es fundamental en lo que vas a trabajar.
 
AGN: ¿Y con el marouflage fue igual?
María: No, se trabaja según el soporte y la técnica. Teníamos distintos tipos de obras pictóricas: en los muros del Hall de Acceso, el Sector central del Lobby y el Sector del Ascensor, pinturas al aceite; en los laterales del Lobby eran al agua, y el marouflage es una tela adherida al cielo raso. Estaba rasgado de punta a punta por las filtraciones que sufrió el balcón del Primer Piso durante años, de manera que fue un trabajo complejo. Hicimos una propuesta de tratamiento, primero consolidamos el yeso, porque las filtraciones lo habían convertido en “yeso muerto”; luego adherimos la tela, hicimos toda la sutura y
después la reintegración cromática. Se aplicó a todo lo intervenido una capa de protección y, finalizados los tratamientos de restauración, entregamos la obra. Creo que fue en el 2013.
 
AGN: ¿Ustedes hacen algún análisis sobre la simbología de las figuras?
María: Sí, eso lo habían hecho en el informe inicial Silvina Bono y Teresa Gowland, a cargo del proyecto. Lo que sí es muy lindo y muy gratificante cuando restaurás es que a primera vista todo parece igual, pero no es igual: empezás a ver distintas manos. Por ejemplo, en la parte central se notaba, por la línea, que había dos pintores, uno era muy detallista y el otro tenía un trazo más suelto. Te dabas cuenta de que un casetón lo había hecho uno y otro casetón lo había hecho el otro. Eran dos, que se iba repitiendo e intercalando.
 
AGN: En las artes aplicadas del edificio, las mismas figuras reaparecen en los diversos materiales, ¿no?
María: Sí, siempre las hay en edificios importantes. Por ejemplo, el Museo Evita está lleno de simbología masónica. Acá hay algunas cosas, pero tengo entendido que eran símbolos de una logia italiana. Están a la vista, los ves, les dan jerarquía a las pinturas y al edificio, igual que los puntitos dorados en el Hall de Acceso, todo tiene una simbología.
 
AGN: ¿Y hubo una segunda etapa?
María: Sí, después, en el 2013, vinimos llamadas por el arquitecto Pablo Martínez, en forma independiente, junto a Alejandra Ossó, otra restauradora con la que trabajamos juntas hace años, a hacer una limpieza general para la entrega del edificio.
Retocamos cosas puntuales del Primer Piso, porque habían pasado varios años y a veces el color vira de lo anteriormente intervenido. Retocamos los despachos de adelante –Presidencia–, y descubrimos los querubines que estaban ocultos en los paños del Sector del Ascensor de la Planta Baja.
Esa intervención nos costó muchísimo, los querubines tenían cinco capas de pintura sintética de los años 50. Fue muy difícil sacarla, primero con bisturí, después con químicos… hasta que abajo aparecieron los querubines, en muy mal estado. No sé si fueron censurados por una cuestión de lujo, o porque el mortero (revoque o argamasa) de esa pared no es suficientemente bueno. Esos paños no tenían capa de imprimación, el revoque era malo. Muchas veces, lo más fácil es taparlo, en lugar de restaurar; tal vez eso fue lo que hicieron porque la verdad es que estaban en muy mal estado, pudimos recuperar muy poco y tuvimos que restaurar muchísimo pictóricamente las figuras con la técnica del tratteggio para diferenciarlas del original. Quedó bien, fue un trabajo lindo, interesante.
 
AGN: ¿Antes no había una cultura de conservación como ahora?
María: No, para nada. La restauración comenzó acá a tener fuerza hace unos años. De hecho, la carrera, la licenciatura, es nueva, se creó en el 2000. En el 2000 se fusiona todo, la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón desaparece y se forma el IUNA, incorporándose Artes del Fuego, Escenografía y Restauración.
 
AGN: ¿Dónde te formaste?
María: Soy egresada del IUNA, que ahora es UNA (Universidad Nacional de Arte), de la carrera de Conservación y Restauración de Bienes Patrimoniales. Antes tenías Restauración, que se daba en el ROA, creo que eran dos años. Ahora se da en la UMSA, la Universidad del Museo Social, donde soy docente en cuarto año de la materia Restauración de Pintura II, y la Universidad de San Martín va a abrir también la carrera de grado. Comienza a haber toda una movida mucho más profesional y toda una lucha del egresado conservador-restaurador de diferenciarse de lo que era antes el oficio de restaurar.
 
AGN: Claro, te perfeccionás, te especializás…
María: Sí, y tenés un modo de pensamiento distinto del de la persona que solo se dedica a hacer un buen tratteggio, por ejemplo. Sabés qué es lo que tenés que hacer para una buena conservación, un plan de conservación a corto, mediano y largo plazo. Tenés que tener todo documentado, pedir análisis químicos, hacer mapas de deterioros, investigación histórica, ver con qué tratamientos trabajás, entender que tiene que haber una compatibilidad de los tratamientos y los materiales. Comprender que estamos en una ciudad que cambió, que es tropical y que este edificio en particular es muy húmedo. Tenés que empezar a ser un poco más flexible y más práctico. Entender que vos no podés poner acá estucos con cola de conejo y carbonato de calcio, que serían los originales o tradicionales. La cola de conejo es algo natural y se va a descomponer en muy poco tiempo por la cantidad de humedad que hay. Eso, lo adquirís con la carrera; puede ser con la experiencia también, pero la universidad te da una forma de pensamiento y un lenguaje que te diferencia, y una adversidad a la cual te tenés que enfrentar, sobre todo en el IUNA, que es pública y es lo que te termina de formar, más que en una universidad privada, que
es una especie de extensión de la secundaria. Yo creo que en ese sentido el IUNA, con sus idas y venidas, sigue siendo la mejor universidad donde se da la carrera. Además es pública, y la universidad pública se defiende. Yo trabajo desde el otro lado, en lo privado, y para mí el IUNA sigue formando otra cabeza de pensamiento. El alumno tiene un contacto mucho más directo con lo el arte, pasás por todas las disciplinas: grabado, pintura, dibujo, escultura. En las privadas no se conectan bien con la pintura, recién se produce con intensidad en cuarto año. Muchas veces veo en Retoque que no tienen ni idea de qué es el
color. Hay alumnos que dicen “Quiero hacer patrimonio subacuático”, y vos pensás: “¿Estamos en la Atlántida?” ¿Dónde vas a hacer patrimonio subacuático, si gran parte de obra que hay acá es pintura de caballete o de obra?
Restauramos la AGN, se restaurará El Molino, se restaura el Congreso, se restaura el patrimonio rescatando y devolviéndole la identidad a la ciudad, mientras educamos, difundimos y decimos “somos parte de esto”. Este edificio, por ejemplo, tiene algo muy educativo en el sentido de lo que pasó por acá, respetándose todas sus etapas. Se construyó como el Instituto Biológico, se recuperaron símbolos de eso y se dejaron. Después fue el Instituto de Previsión Social, también se mantuvieron los símbolos que lo representaban.
Es importante, porque por acá pasó la historia, y que se sepa no es algo menor. Está bien que se junte todo y se respete todo, y se entienda que ese todo es la historia, o la vida misma, como todas las etapas que fueron pasando por este edificio.
 
AGN: Todas hacen a la identidad colectiva…
María: Sí, y eso terminamos siendo nosotros, el edificio pasó por todo eso, por donde se creó el Pervinox, por donde Evita trabajaba y por donde hoy se audita. Creo que eso es concientizar y educar. Pero creo que también tenemos una mirada un poco viciosa hacia lo europeo, porque por lo general los que ponen plata son el Estado y algunos privados. Se restauran edificios públicos o iglesias. La mayoría de la pintura que intervenís es europea, por lo general eran italianos los que vinieron con una pintura increíblemente hermosa y muy bien hecha, pero nos vamos quedando con una mirada europea y para adentro. Pero
estamos en Latinoamérica y tenemos que empezar a hacer un cambio, que debe ser hacia afuera.
 
AGN: ¿Al decir “lo europeo” te referís a la obra o a la mentalidad?
María: A ambas. Hablo de lo europeo en la mentalidad que el restaurador tiene hoy en día, que es como fuimos formados. Si lo llevase a la pintura significa que estoy formada para restaurar un Goya, un Velázquez o, acá, a un Berni como lo más importante en materiales no tradicionales. Mientras, nos están pasando un montón de cosas artísticas aquí y ahora, y tenés que salir de ese lugar conocido y cómodo. Restaurarlo y conservarlo pero correrte de esa mentalidad, ejemplo: en obra tendría que poner el estuco con cola de conejo, que es lo tradicional, pero no sirve: eso te puede funcionar en Madrid, que es súper seco; acá es húmedo, no va a perdurar.
 
AGN: Claro, hay problemáticas específicas de cada lugar.
María: Sí, totalmente, hay que cuestionarse lo que te enseñan en la universidad, avanzar. Creo que nuestro título es lo que muchas veces nos juega en contra, el ser tan “conservadores”, deberíamos ser más revolucionarios en algunas cosas, por lo menos yo lo veo así en este último tiempo, veo que hay una mirada desde lo profesional estancada. Destaco, y en esto tiene mucho que ver Pablo Martínez, que este edificio tenga una política de conservación. Trabajamos juntos, hicimos un manual de conservación a corto, mediano y largo plazo de los eventuales riesgos o daños. No es que se entregó y me olvidé, que es lo que generalmente pasa. Acá, en ese sentido, es muy buena la visión que tiene Pablo; fue visionario y luchó por tener una política de conservación preventiva y preservar el patrimonio, cosa que no se da en todos los edificios, sobre todo en los públicos. Hay que restaurar lo mínimo posible y conservar lo máximo posible, porque eso es lo que también hace a nuestra identidad. Me parece que tenemos que lograr dar ese paso; cuesta, no es fácil, pero hay que darlo.
 
Entrevista:
María Puig. Entrevista realizada el 13 de noviembre de 2015 en Rivadavia 1745, sede de la Auditoría General de la Nación, Buenos Aires. Entrevistador: Lucrecia Literas, Departamento de Prensa y Comunicación.
Agradecemos el préstamo de fotografías a María Puig.