Alejandro Sfeir, quien participó con su socio Jorge Campos en la restauración del reloj entre 2002 y 2004, en la actualidad realiza trabajos puntuales en los que prioriza el valor histórico del mecanismo: “Hay dos caminos posibles: la visión del restaurador y la visión del oficial de mantenimiento. Son criterios. Nosotros queremos que esté cien por ciento bien, cien por ciento original. En eso somos más restauradores.”

El funcionamiento del reloj demanda no solo tareas de mantenimiento y adecuación a las nuevas necesidades –como la insonorización durante la noche–, sino también de restauración. En este momento, Sfeir está dedicado al mantenimiento del tablero eléctrico que, por supuesto, no es el de antaño; a restaurar el sistema de carga original reemplazando una pieza que se rompió; y a reconstruir la transmisión a los autómatas.

Sfeir destaca que, además del valor científico y tecnológico, el campanario fue construido especialmente por la firma italiana Fratelli Miroglio para este edificio: “Esto no se va a construir nunca más, vamos a tener satélites con relojes atómicos que den la hora exacta pero jamás va a haber otra máquina como esta, porque es la única que mueve autómatas realizada por la fábrica: hay muchos relojes de Fratelli Miroglio de distintos tamaños, todos más chicos que este, y ninguno mueve autómatas”.

Agosto 2016