Su relato nos ayudó a ampliar los pocos datos biográficos que se tienen de Atilio Locati, el arquitecto milanés de prolífica actuación en la Exposición Industrial del Centenario y al que también se le encargó la realización del Banco de Italia y Río de la Plata y el TeatroVera, en la ciudad de Corrientes, entre otros.

A diferencia de algunas versiones leídas por María Inés, ella define a su abuelo paterno como un gran filántropo: “En una de las biografías, se puso que él era como un señor ricachón que iba y venía de Italia, y nada más lejos de eso”.
María Inés nos facilitó fotos inéditas de su abuelo y de su bisabuelo, el ingeniero Giuseppe Sebastiano Locati, con quien sabíamos que Atilio trabajó en conjunto para el diseño del inmueble, y nos confirmó su parentesco.

 Arq. Atilio Locati Ing. Giuseppe Sebastiano Locati


Entre sus varias aficiones, Atilio cantaba ópera, tenía mucho talento. Los vecinos lo oían y le pedían que cantara más, recuerda su nieta. También solía ir a casas de arte y comprar obras: “Él se iba a los remates, se compraba una escultura y se quedaba mirándola toda la tarde, era un bohemio”. Este rasgo de su personalidad, su amor al arte, se manifiesta claramente en los minuciosos trabajos artesanales y realizaciones de carácter artístico, de diferentes disciplinas y materiales, que contiene el edificio. Convocados por Atilio Locati, participaron los pintores Nazareno Orlandi y Salvino Tofanari; y el escultor Michele Vedani, a cuyas obras se suman los trabajos de ebanistería, vitrales y tecnologías de alta calidad y eficiencia para la época que expresan el aprecio que el arquitecto tenía por las artes plásticas y, como nos cuenta su nieta, la probabilidad de que haya contratado para estas tareas a muchos artistas y artesanos amigos o conocidos: “Él ayudaba mucho a la colectividad italiana, cosa que mi padre también hizo. En esa época venían, pobres, en los barcos, y sabían que él era profesional y ayudaba a todo el mundo, así que es muy probable que vea acá algún apellido que en mi niñez oí”.

María Inés siempre asocia este edificio con un recuerdo preciso: cuando era chica y pasaba en auto con sus padres, ellos le señalaban la Torre del Reloj y le contaban que su abuelo había hecho traer de Italia, en barco, la campana con las figuras, y su mamá le decía: “Este edificio lo hizo abuelito, lo hizo el nono”.

Abril 2016