Nos visitó Ana María, la nieta del muralista italiano Nazareno Orlandi, que realizó el marouflage de la entrada a nuestra sede. Aprovechamos la oportunidad para preguntarle sobre la vida del artista debido a la escasa bibliografía existente. Nos contó detalles del viaje de su abuelo a nuestro país y la decisión de quedarse a pesar de nunca haberse nacionalizado argentino como en general se difunde. También, sobre la empresa de diseño de interiores que organizó junto a su familia en los últimos años de vida, el vínculo con los jesuitas y la obra de carácter más impresionista en sintonía con la estética de su época.

Marouflage de Nazareno Orlandi (1861-1952), técnica pictórica en la cual se pinta sobre un bastidor que más tarde es adosado a la arquitectura.

 
¿Cómo supiste de la existencia de esta obra?

Por una amiga que es como una hija del corazón que lo leyó en algún medio y me
comentó. Lo que más se conoce de mi abuelo es la pintura del teatro Grand Splendid, pero también tiene obra en el Museo Social Argentino y en el ex edificio de La Prensa que hoy es la Casa de la Cultura. Realizó la pintura del cielo raso del Salón de Actos de la Escuela Mariano Acosta, que está bastante deteriorada pero es el estado en general en que se encuentra el colegio, y también trabajó en la Iglesia del Salvador, la Catedral de Córdoba y la Catedral de Catamarca. De hecho, antes de entrar en la Catedral de Córdoba, hay una placa donde menciona no solo a mi abuelo sino también a mi tío, Rafael. Es que mi abuelo, cuando sus dos hijos varones –Rafael y Francisco– se recibieron de arquitectos, formó una empresa que se dedicaba a decoración y pintura. Entonces, las obras de estas catedrales fueron realizadas por la empresa, no solo por mi abuelo. Tal vez mi abuelo hacía la pintura alegórica y después las columnas, el dorado a la hoja, los estucos que simulaban mármol, todo eso lo hacían Rafael y Francisco. Yo soy hija única de Francisco, y mi abuelo tenía también una hija, Fulvia. Solo me faltaba conocer esta obra de él.
 
Bueno, era una época en que los arquitectos y artistas trabajaban conjuntamente, no solo como disciplinas autónomas sino que existía un sentido integral del arte y la vida...

Sí, de hecho mi abuelo vivió de su trabajo, la única profesión que él tenía era ser artista, pintor. Hacía también muchos cuadros por pedido y tenía una gran producción. Recuerdo que vivíamos en una casa muy grande y tres de las habitaciones estaban repletas de cuadros de él.

¿Conociste a tu abuelo?
No lo llegué a conocer, él murió en el mes de mayo y yo nací en el mes de octubre de1952. Muchos de sus cuadros estaban expuestos en una casa de trece, catorce habitaciones, era como vivir en un pequeño museo porque estaban los cuadros de mi abuelo colgados en todas las habitaciones: la sala, el comedor, el escritorio que era su estudio, además de tres habitaciones llenas de sus cuadros de los cuales algunos eran del tamaño de una pared.
Uno de los temas preferidos de mi abuelo era la vida de San Francisco de Asís. Recuerdo un cuadro muy grande con la imagen de San Francisco, a su lado una ventana con la luz del sol y palomas que entraban e iluminan el espacio. Como fui a la escuela de Nuestra Señora del Huerto, mi papá se lo donó a la iglesia de la escuela. No sé si sigue allí, pero estaba expuesto en la parte de arriba, donde está el órgano, ahí lo habían puesto las hermanas, ya pasaron los años...
 
¿Dónde está la casa a la que te referís?

En Moreno y Alberti. Ahí vivió él cuando ya estaba casado mi papá, y ahí tuvo su taller. Él antes vivía por la zona de Palermo, por la calle Santa Fe y Bonpland, eso es lo que conozco de lo que escuché en mi familia durante muchos años. Después, cuando mi papá ya era grande y se casó, compraron la casa de la calle Moreno donde vivió hasta que murió.
 
¿Tenés algún cuadro preferido?

Cuando era chica, tenía uno preferido de cuando se hizo una de las últimas exposiciones de sus obras. Yo dije: ese no quiero que se venda, quiero quedármelo. Era uno de un salón del Palacio Pitti, en Florencia.
 
Porque él se recibió en Florencia de su formación en Artes…

Sí, hizo la carrera en la Academia de Artes de Florencia y uno de los motivos que representó fue las salas del Palacio Pitti. Me gustaba mucho porque se veían los cuadros que había en la sala, una escultura en medio del salón y una señora con un sombrerito, de vestido largo, que estaba observando la obra. Entonces era el que más me gustaba. Y ese estaba en la exposición pero no estaba a la venta. Lo tengo en mi casa.
 
¿Sabés cómo fue el viaje de él a Argentina? Sé que fue convocado para hacer remodelaciones en la Casa de Gobierno.

Fue convocado por Francesco Tamburini, un arquitecto de la zona de Le Marche, Italia. A Tamburini le habían pedido que contratara artistas para realizar un trabajo en la Casa de Gobierno en Argentina. Tamburini se acordó de mi abuelo; lo había conocido en Florencia y lo mandó a llamar. Mi abuelo vino a la Argentina, era muy joven y vino solo.
 
Pero ¿qué pasó luego? ¿por qué se quedó?

Cuando llegó, había toda una cofradía de pintores italianos que los llaman “los pintores dell’Ottocento”, era todo un grupo de artistas. Empezó el trabajo pero luego, con un golpe de Estado, el presidente que lo había contratado ya no es más presidente y él quedó sin trabajo. Ya con los preparativos para volverse a Italia, Tamburini lo conecta con los hermanos jesuitas, que lo contrataron para hacer la obra de la Iglesia del Salvador. Ahí comenzó con diferentes proyectos en iglesias y se quedó. Realizó muchos trabajos que más tarde se extenderían a las catedrales como las de Córdoba y Catamarca. Empezó a trabajar mucho, trabajó por encargo, conoció a su novia y se casó. Formó su familia y ya nunca más volvió a Italia. Murió a los 92 años en Argentina pero nunca se nacionalizó, por eso yo pude sacar mi ciudadanía italiana aquí. Sé que mantuvo correspondencia con la familia porque tengo algunas cartas. Él era el tercer hijo de siete hermanos.
 
 

Ana María Orlandi es médica y hace doce años concurre a un taller de pintura en SanTelmo donde el 1º de junio realizará una charla sobre la vida y obra de su abuelo. Nos muestra en su celular una foto de él a los 90 años realizando una gran pintura mural y otras en pequeño formato con una estética impresionista. Sobre una de estas, nos cuenta que en la inauguración de una de las últimas exposiciones póstumas de su abuelo, “un señor estaba parado frente a esta obra, muy chiquita, y mi papá se acercó y le preguntó si estaba especialmente interesado en ella. ‘Sí, le dijo, porque cuando Nazareno realizaba esta obra en un bosque de Palermo yo estaba al lado de él mirando cómo pintaba’”. Estas son las
anécdotas que surgen con el tiempo, nos dice Ana María, que conectan personas a través de la obra.
 
Entrevista:
Ana María Orlandi. Entrevista realizada el 24 de mayo de 2017 en Rivadavia 1745, sede de la Auditoría General de la Nación, Buenos Aires. Entrevistador: Lucrecia Literas, Prosecretaría.
Agradecemos el préstamo de fotografías a Ana María Orlandi.